Hoy, repasando fotos de la peña en las celebraciones de nuestras tradicional tagarninadas, me invadió una profunda tristeza al ver una imagen de nuestra amiga y compañera Lola repartiendo los postres. Han sido muchos años compartiendo momentos, y siempre que había algún movimiento en la cocina, allí estaba Lola, con su delantal puesto, dispuesta a ayudar en todo lo que hiciera falta.
Gracias, amiga, por tanto.
La tagarninada ha sido nuestra seña de identidad en la peña, después del baile de salón. Pero para bailar, primero hay que comer… y ahí entraba en escena el ya famoso puchero con su pringá, elaborado con tanto cariño por Diego Palas y José Luis, y el corte de la pringá a cargo de Diego García.
Y cuando terminábamos de comer, para rebajar la grasa y seguir disfrutando, nuestros amigos Miguel y Cristóbal se arrancaban por sevillanas, poniendo el broche de alegría a la jornada.
Es algo que se repite año tras año, viviéndolo siempre con ilusión y pasándolo en grande, tanto socios como invitados, creando recuerdos que ya forman parte de nuestra historia.






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