Al repasar recientemente un álbum de fotos de la ya extinguida peña cultural “Amigos del Baile”, me vinieron a la memoria las casetas que montábamos en las ferias de Jimena de la Frontera. Sin duda, eran de las mejores y más completas en cuanto a servicios y decoración que se habían visto, tanto en casetas oficiales como particulares.
Cada año sorprendíamos con un diseño distinto, cuidando hasta el más mínimo detalle. Las portadas eran siempre diferentes, al igual que la decoración interior y la fachada. Los aseos se encontraban siempre dentro de la caseta, algo poco habitual en aquella época, lo que demostraba nuestro interés por ofrecer comodidad y calidad.
El servicio de restaurante estaba a cargo de los hermanos Cachollas, que ofrecían un trato excelente tanto en barra como en cocina. La mantelería era otro detalle destacado, ya que cambiaba de color cada día, aportando elegancia y variedad al ambiente. En cuanto a la música, siempre contábamos con buenas orquestas que animaban la feria y contribuían al éxito de la caseta.
Durante varios años, la caseta fue propiedad de la peña, aunque más adelante, por motivos de homologación, tuvimos que contratar la estructura a empresas especializadas. Aun así, la esencia de la caseta se mantuvo intacta.
Lo mejor de todo era su carácter público: los socios tenían mesas reservadas, pero mientras hubiera aforo, cualquier persona podía entrar y disfrutar del ambiente. Esto la convirtió en un punto de encuentro muy querido durante la feria.
Por todo ello, quiero agradecer a todos los socios que formaron parte de la peña “Amigos del Baile” su dedicación, ilusión y esfuerzo en el montaje y desmontaje de la caseta cada año. Fue un trabajo duro, pero sin duda mereció la pena.

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