Miguel y Chana
Afición por el baile
Miguel Marín y Chana se iniciaron en el maravilloso mundo del baile en una academia de baile de salón que, por aquellos tiempos, existía en Las Cañillas. Allí aprendieron sus primeros pasos y, llenos de ilusión, se desplazaban a los bailes del Pendoliyo y Moracha para ponerlos en práctica.
Cuando más tarde se trasladaron a Jimena de la Frontera, ya venían con el aprendizaje bien aprendido y el ritmo en el cuerpo. Miguel se hizo socio de la peña “Amigos del Baile”, y aquello fue para él como si le hubiera tocado la lotería. Siempre estaba dispuesto a salir a la pista, porque bailar era su gran pasión.
Lo suyo era el pasodoble, que lo defendía con arte y elegancia, aunque también hacía sus pinitos con las sevillanas. Pero lo que más le gustaba era cuando se organizaban fiestas en la sede: momentos perfectos para desmelenarse, contagiar su alegría —esa que tanto lo caracterizaba— y sacar sonrisas a su compañera Chana y a su buen amigo Diego Palas.
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